La
zona euro ha iniciado una recuperación cíclica, con picos en países
como España. Pero las zonas grises siguen siendo numerosas: la
inflación mejoró levemente en abril hasta el 0% (frente a una caída
de una décima en marzo), pero el desempleo sigue sin mejorar, por
encima del 11% a pesar de la mejoría económica propiciada por el
abaratamiento del petróleo y la debilidad del euro, y por un ligero
incremento del crédito. Se trata de una recuperación cíclica con
riesgos por todas partes: el estancamiento de Estados Unidos y los
problemas en países emergentes como Brasil o China. Y eso impide
mejoras sustanciales en la inflación y el paro.
El
avance de Eurostat deja un dato preocupante: la inflación subyacente
(el IPC depurado sin los elementos menos volátiles) sigue en mínimos
históricos, en el 0,6%, y no hace el más mínimo ademán de
mejorar. Tanto la inflación como la subyacente están a años luz
del objetivo del Banco Central Europeo, del 2%. El BCE puso en marcha
un programa multimilonario de compras de deuda pública y privada, y
su presidente, Mario Draghi, asegura que se extenderá hasta
septiembre de 2016 o incluso más allá si los precios no rebotan.
Los últimos incrementos salariales en Europa, e incluso en Alemania,
están por debajo del 2%.
En
el caso del desempleo, las cifras siguen sin mejorar con claridad y
esconden, además, enormes diferencias. La tasa de paro siguió en el
11,3% en marzo, sin mejorar ni un ápice con respecto a febrero y con
más de 18 millones de personas desempleadas en la eurozona. Alemania
roza el pleno empleo, con una tasa inferior al 5%; en torno a esa
cifra están también países de la Unión como Reino Unido, Austria,
Luxemburgo y República Checa –todos ellos por debajo del 6%).
Justo al otro lado, la rescatada Grecia sigue encabezando todos
los rankings de paro, seguida de cerca por España,
con ambas economías por encima del 20%.
Bionomía.
Información
extraida del periodico El País

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